Volver en tiempos de elegir...

Hace mucho que no escribo. El
silencio no siempre es ausencia: También es reflexión. Hoy vuelvo, hay algo que
decir en estos tiempos. Callar frente a la confusión es avalar, creer en
salidas posibles y no plantearlas no es egoísta; es cobarde y eso no se puede
perdonar.
Son tiempos difíciles: días duros, densos, crueles, violentos. No se reducen
solo a lo social o lo político; también son espirituales. Podés elegir no creer
en esto último, y también descreer de la ley de gravedad… pero no es
recomendable si pensás saltar desde un sexto piso.
Los tiempos difíciles son un desafío: no se trata de negarlos, sino de
transformarlos. Hace tiempo no leo la Biblia como un libro religioso, sino como
el "manual del fabricante". El camino existe… ¿dejaremos de mirar la tormenta
para empezar a andar?
El silencio puede ser muy cómodo, pero asfixia. Escribir es un modo posible de
caminar sin saber muy bien hacia dónde. No se trata de escapar del horror, sino
de recordar que siempre hay salidas. De los laberintos se sale por arriba.
Lo peligroso de estos tiempos no es la maldad en sí, sino cuando la usamos para
defendernos. En la Biblia, la palabra griega anomia se traduce como "maldad",
pero también es "sin ley". Los sociólogos estudiaron muy bien su relación con
los suicidios. Es la ausencia de límites, una puerta abierta al caos.
Escribo de nuevo porque el silencio ya no alcanza. Estos tiempos nos exigen
discernir y transformar. No se trata de negar la tormenta, sino de recordar que
siempre hay un camino posible… y empezar a caminar.
Por eso vuelvo a escribir: sin límites no hay camino, y sin camino no hay
esperanza. No busco imponer nada, sólo sumar una palabra comprometida en medio
de un relativismo que sólo conduce al sinsentido. En tiempos oscuros, hablar no
es una opción: es un acto de resistencia.
En los tiempos de tanta confusión, no basta con analizar lo que vemos: es necesario entender, por qué lo vemos de ese modo. La Batalla no es "cultural": es de creencias. El que domina tus creencias, domina tu vida.
La Biblia —mapa para comprender al hombre, no un libro religioso— enseña que la verdadera batalla se libra dentro nuestro. El libro de Números, capítulos 13 y 14, cuenta que, a pedido de Dios, Moisés envía 12 espías a Canaán, uno por cada tribu. Todos jefes de los israelitas, y de quienes conocimos sus nombres. Todos vieron lo mismo. 10 dudaron y desaniman al pueblo; 2 confiaron en Dios y quisieron conquistarla.
Los 10 incrédulos murieron delante de Dios, nunca se volvió a mencionar su nombre; sólo fueron recordados pero incrédulos. Josué y Caleb, en cambio, los dos que creyeron heredaron la Promesa y dejaron otras varias historias dignas de aprender.
- Gran aprendizaje de esa historia; Nunca importa lo que vemos, sino cómo lo interpretamos. Esto bien se podría resumir en dos frases que me impactaron hace bastante tiempo: "Lo que el hombre cree, el hombre es." "Dime en qué crees y predeciré tu futuro."
- En un mundo apurado, revisar nuestras creencias parece imposible. Pero sigue siendo urgente: requiere silencio, introspección y valentía y esencialmente para elegir en quien creer. Cada elección define nuestro destino, en quien confiemos se nos va la vida. Esa batalla es personal y a la vez permite liberar a otros.
No es verdad que perdimos la fe. Es imposible vivir sin ella. La pregunta es: ¿en qué, o en quién, creemos? Vos y yo elegimos, estamos condenados a hacerlo. De otro modo, hay muchos esperando decidir por nosotros. Y cuando otros deciden, ya perdiste todas las batallas. Yo te avisé!!!!!
