Esclavos de la angustia

La angustia es el vértigo de la libertad.
Sören Aabye Kierkegaard

Cada vez que hago referencia a la dimensión neurofisiológica de las emociones, soy conciente de la incomodidad que provoca el tema. Basta imaginarnos en una situación de vergüenza, de temor o ira y conectarnos, por ejemplo, con reacciones incontrolables como ruborizarnos, sudar frío o levantar el tono de voz en dichas situaciones

Definitivamente, cuando una emoción se expresa en el cuerpo incomoda.
A pesar nuestro, evidencia la absurda creencia de controlarlo todo.

La incomodidad del registro físico de las emociones no es nueva. La relaciono con los constantes esfuerzos por evitar enfrentarnos a la angustia y el hecho de juzgarla como incognoscible, inabordable o rebelde a todo intento de domesticarla.

No casualmente, a pensar al ataque de pánico - una crisis de angustia generalizada - nos resulte más tolerable, en tanto lo vemos como una patología clara y clasificable en la cual el rol del médico y la prescripción de un fármaco tranquilizan a los afectados y a una sociedad que no tolera "no saber"

Definitivamente la angustia desconcierta. Quizá por eso, el lenguaje cotidiano la asocie a la depresión,
 la tristeza, el miedo o cualquier otro estado que resulte más sencillo de explicar.

La angustia, quedo fuera del debate popular y parece sólo protagonizar conferencias donde los filósofos se preguntan por la existencia humana o los psicoanalistas la interpretan de manera positiva.
A diferencia de otras escuelas, el psicoanálisis considera que la angustia nos constituye, convirtiéndose en una guía en el camino hacia la cura.

Definitivamente reflexionar sobre la angustia es preguntarnos,
apoyándonos en el seminario de Lacan, donde planteó su famoso "Che vuoi?";
y soportar el camino incierto para construir una respuesta única y singular.

La angustia en el cuerpo

Ya en el diccionario de la Real Academia española, la angustia se presenta asociada a su manifestación en el cuerpo y también a lo incompresible de su causa:

(Del lat. angustia 'angostura', 'dificultad').
1. f. Aflicción, congoja, ansiedad.
2. f. Temor opresivo sin causa precisa.
3. f. Aprieto, situación apurada.
4. f. Sofoco, sensación de opresión.
en la región torácica o abdominal.
5. f. Dolor o sufrimiento.
6. f. Náuseas ( ? gana de vomitar). U. solo en sing.
7. f. p. us. Estrechez del lugar o del tiempo.

Si nos centramos en su componente somático, debemos considerar que la palabra angustia proviene de la voz latina anxius o angor que significa etimológicamente opresión, estrangulado o yo impedido de respirar, lo cual se corresponde con los signos somáticos característicos de la angustia: la constricción precordial (dolor intenso en el corazón), la disnea o sintomatología respiratoria, por lo general caracterizan la crisis de angustia.

La característica básica es que se trata de una vivencia displacentera, o sea un efecto negativo que acompaña una tensión instintiva no satisfecha.

De este modo, quien la padece, suele presentar un sentimiento difuso de malestar, y aprensión, con claras manifestaciones somáticas, visceromotoras y una particular repercusión en la tensión muscular.
Y es tal nuestra negativa a acercarnos a la angustia, que preferimos hablar de un ataque de pánico en lugar de una crisis de angustia generalizada. La voz clínica más autorizada para presentar está relación, es el DSMIV. Se trata del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales - en inglés Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, de la Asociación Americana de Psiquiatría, en su última versión revisada, DSM-IV-TR. Allí se incluyen los criterios para el diagnóstico de Crisis de Angustia o Ataque de pánico, los cuales, son observables a nivel somático.:

Aparición temporal y aislada de miedo o malestar intenso, acompañada de cuatro (o más) de los siguientes síntomas, que se inician bruscamente y alcanzan su máxima expresión en los primeros 10 min:
1.
palpitaciones, sacudidas del corazón o elevación de la frecuencia cardíaca
2. sudoración
3. temblores o sacudidas
4. sensación de ahogo o falta de aliento
5. sensación de atragantarse
6. opresión o malestar torácico
7. náuseas o molestias abdominales
8. inestabilidad, mareo o desmayo
9. desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (estar separado de uno mismo)

La angustia invisible.

Si bien es clave conocer las manifestaciones físicas que caracterizan la crisis de angustia, no es menos importante profundizar en su costado invisible, aquel que la psicología -especialmente el psicoanálisis- y la filosofía -en especial la corriente existencialista- han estudiado en profundidad.En ese sentido, si bien he decidido no encarar un texto desde lo académico, voy en este caso a apoyarme en tres autores: Freud, Sarte y Lacán para enfrentarlos a la incomodidad que el concepto de angustia porvoca.

1- La angustia en Freud (1)

Quiero compartirles como Freud (Padre del psicoanálisis), fue variando su postura a partir de angustia para ayudarnos a tomar conciencia de esa incomodidad que ya desde su definición ella produce.

• En 1894, él consideró a la angustia como la transformación de la excitación sexual acumulada y no satisfecha: la libido no satisfecha produce un monto de excitación que al no ser descargado se transforma directamente en angustia.
• En "Tres ensayos" de 1905, habla de una "angustia neurótica" producida por represión en donde el niño se angustia al no poder obtener satisfacción por la ausencia de la madre: es la represión la que produce una transformación de la energía libidinal en angustia.
• En 1909, en el análisis de un caso clave para la compresión de las fobias "El caso Juanito", Freud ya deja de considerar a la angustia como una simple energía libidinal para conceptualizarla como un "afecto".
• En 1916, en "Lecciones introductorias al psicoanálisis" (Lección 25: La angustia) nos habla de la angustia como "señal de alarma" desencadenada por el yo: "Sabiendo que el desarrollo de la angustia es la reacción del yo ante el peligro y constituye la señal para la fuga...también en la angustia neurótica busca el yo escapar a las exigencias de la libido y se comporta con respecto a este peligro interior del mismo modo que si de un peligro exterior se tratase". Vale decir que aquí la angustia aparece frente a un peligro interior: tanto como una señal de alarma para advertimos de él; como una posibilidad del yo de escapar de un peligro que viene desde uno mismo.
• En 1925 e n "Inhibición, síntoma y angustia" Freud ya habla de la angustia como una "reacción ante una situación peligrosa" o señal de alarma ante un peligro interno (como la libido) o externo (como la castración); al mismo tiempo que da un giro completo a sus concepciones puesto que ya no es la represión quien produce la angustia sino la angustia quien causa la represión.
Esto implica que la angustia ya no es la consecuencia de un conflicto psíquico, sino su causa.
• En 1932 vuelve a ocuparse Freud de la angustia en la 32ª de las "Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis: La angustia y la vida pulsional" donde formula la hipótesis del "instante traumático" o "factor traumático" y hace la más acabada exposición de sus teorías sobre la angustia:

A modo de síntesis diremos entones:
• La angustia es un estado afectivo, habla del NACIMIENTO como el suceso que deja tras de sí tal huella afectiva: las influencias propias de la angustia sobre la actividad cardiaca y la respiración.
• Todas las condiciones de angustia "repiten en el fondo la situación de la primitiva angustia del nacimiento , el cual significaba también una separación de la madre".
• Podemos entonces hablar de un doble origen de la angustia: "unas, del instante traumático, y otras, como señal de que amenaza la repetición de tal instante".
• Es el yo en su aspecto consciente sede de la angustia.
• Resulta imprescindible diferenciar:
-- "angustia real" (ante un daño temido del mundo exterior)
-- "angustia neurótica" (enigmática e inadecuada frente a un peligro que procede de interior y no es conscientemente reconocido
--"angustia de la conciencia moral" referida a la dependencia del superyo.

2- La angustia existencial. (2)

Aquí no hay quien se salve. Imposible escapar a la angustia existencial; en tanto surge a partir de las dos mayores incógnitas que el hombre está destinado a soportar:
------- su origen (de dónde viene).
-------su trascendencia (hacia dónde va).

La realidad entonces es vivida fundamentalmente mediante la angustia, es decir, por medio de aquello por lo que el ser humano se da cuenta de su finitud y de la fragilidad de su posición en el mundo.
La angustia se presenta como el modo en que el ser humano accede al fondo último de la realidad.

Entre los más destacados representantes del existencialismo podemos destacar a los alemanes Heidegger (que es indiferente al tema de Dios) y Karl Jaspers (que admite la trascendencia del ser humano después de la muerte) dentro de la corriente que se ha dado en el llamado existencialismo negativo, y en la que también se suele encuadrar al francés Sartre (existencialismo ateo declarado y consecuente); y el también francés Gabriel Marcel, como representante del existencialismo teológico o espiritualista. ·

Todas las filosofías de la existencia arrancan de una llamada "vivencia existencial", que es entendida de diversos modos por los existencialistas: como fragilidad del ser", como "marcha anticipada hacia la muerte", o como "repugnancia o náusea general".

Su tema principal de investigación es la existencia, entendida como '`un modo de ser particularmente humano". El ser humano es, pues, el único animal que tiene existencia, en ese preciso sentido. ·
La existencia es concebida como una actualidad absoluta, no como algo estático, de lo que se pueda decir que es, sino como algo que se crea a sí misma en libertad, que deviene, que es un proyecto. La existencia, por lo tanto, es algo que pertenece sólo a los seres que pueden vivir en libertad. ·
En consecuencia, el ser humano es pura subjetividad, es decir, puro despliegue de su capacidad creadora, de su capacidad de ser para sí mismo, de su propio hacerse, de su "existir ". El ser humano se crea libremente a sí mismo, es su libertad. · Pero pese a su subjetividad el ser humano no queda cerrado en si mismo, sino que se halla esencial e íntimamente vinculado al mundo y, en especial, a los demás seres humanos.
En su real y efectivo hacerse, la existencia deviene "co--existencia". · La distinción entre sujeto y objeto, tal como es planteada por la metafísica tradicional, es también rechazada por los existencialistas, entre quienes prevalece la vivencia de la realidad sobre el conocimiento de la realidad. Y en esa vivencia la oposición sujeta/obieto queda anulada.

La filosofía de la existencia se presenta como una filosofía pesimista, cuya conclusión es la de que la existencia humana carece de sentido, es un absurdo (el ser humano, como dice Sartre, es "una pasión inútil "), ya que no hay ninguna esencia, ninguna dirección fija en la que deba desarrollarse.

Pero es a partir del reconocimiento de la existencia donde, no hay ninguna esencia prefijada, al no ser el ser humano esto o aquello, sino pura libertad, como es posible re-construir el ser de esa existencia y, con ello, la realidad toda y el ser humano, como un fruto de su libertad.

Sartre piensa a los humanos como seres que crean su propio mundo al rebelarse contra la autoridad y aceptar la responsabilidad personal de sus acciones, sin el respaldo ni el auxilio de la sociedad, la moral tradicional o la fe religiosa.
A l distinguir entre la existencia humana y el mundo no humano, mantenía que la existencia de los hombres se caracteriza por la nada, es decir, por la capacidad para negar y rebelarse.
Afirma la necesaria responsabilidad de todos los individuos al tomar sus propias decisiones y hacía del reconocimiento de una absoluta libertad de elección la condición necesaria de la auténtica existencia humana. Habla de su creencia de que la libertad y la aceptación de la responsabilidad personal son los valores principales de la vida y que los individuos deben confiar en sus poderes creativos más que en la autoridad social o religiosa.

El famoso "che vuoi" en Lacan (3) (4)

Si bien no quiero caer en tecnicismos ni en textos académicos, es imprescindible al hablar de angustia, mencionar el famoso seminario 10 de Lacan, aunque más no sea con mis palabras.
Y a tal punto es necesario referirnos a él, pues Lacan presenta la angustia de la mejor manera que creo pudo hacerlo: angustiándonos.

Nos pide Lacan que imaginemos llevar una máscara de un animal que nos cubre la cara y que desconocemos esa máscara, vale decir que desconozco como me veo y fundamentalmente desconozco como los otros me ven. De pronto, en este estado de desconocimiento total de mi propia imagen, me encuentro en una gruta sin salida. Frente a mí, otro animal, un animal verdadero, animal gitanesco y peligroso si los hay: una mantis religiosa.

Para quienes no lo sepan, la Mantis Religiosadebe su nombre a sus prominentes patas delanteras, que están dobladas y juntas en un ángulo que recuerda a la posición de oración. A pesar de su nombre, estos fascinantes insectos son unos fantásticos depredadores. Su cabeza triangular se alza en lo alto de un estirado cuello, que de hecho es un tórax alargado. Los mántidos pueden girar la cabeza 180 grados para escudriñar los alrededores con sus dos grandes ojos compuestos y tres simples situados entre ellos. La mantis, que suele ser verde o parda y se camufla muy bien entre las plantas de su hábitat, embosca o acecha pacientemente a sus presas. Usan sus patas delanteras para atrapar a su víctima con unos reflejos tan vertiginosos que resulta difícil verlo a simple vista. Además, las patas presentan patas con las que atrapan e inmovilizan a la presa. Más allá de esto, hay una característica que identifica a la hembra adulta, que definitivamente la hace siniestra a nuestros ojos: en ocasiones se come a su pareja justo después del apareamiento, e incluso durante el mismo y, a pesar de ello, los machos jamás rehúyen la oportunidad de reproducirse.

Bien, volvamos a la escena planteada: estoy disfrazado con la máscara de un animal que ignoro y, por lo tanto no sé cómo me ven. Recordemos que la gruta no tiene salida, imposible retroceder. De pronto frente a mi , veo a otro animal, lo conozco muy bien: es una mantis religiosa hembra, gigante, me triplica en altura. Está allí inmóvil, mirándome fijo. Intento ver mi imagen proyectada y reflejada en su globo ocular. Es una pesadilla, pues no veo nada. Siento terror... Y si mi disfraz fuese el de su parteniere, del macho al que estaba esperando para aparearse a él.

Así describe Lacan la angustia, como ese desconcierto que nos provoca el deseo del otro.
Ese "Che vuoi?": "¿Qué quieres?" o ¿qué me quiere? con la ambigüedad que el francés permite en el me, "¿qué quiere él de mí? ó ¿qué quiere él en lo relativo a ese lugar del yo ocupo?
Un lugar que si retomamos el relato de la mantis religiosa, desconozco, pues no sé cuál es la máscara que llevo.

En ese sentido, podríamos decir que nos angustiamos frente a un "otro temible", quien me coloca en lugar de "objeto de su deseo", quien nos cosifica.
Y además me desconoce, pues lo que desea es la máscara que utilizo y, incluso yo ignoro cuál es. Si para Freud, la angustia era señal de alarma,
para Lacan, es señal de lo real.

Tengan en cuenta "lo real" en Lacan: Es todo aquello que tiene una presencia y existencia propias. Aunque las palabras se asemejen, no debe confundirse con el concepto de "realidad", puesto que ella más bien pertenece al orden del lenguaje, simbólicamente estructurado.
Lo real aparece en la esfera de la sexualidad, de la muerte, del horror y del delirio. Lo real es lo que no podemos pensar, imaginar o representar.

Entonces, para Lacan la angustia es la señal de lo incognoscible, lo que no podemos poner en palabras, lo que no puede definirse por el lenguaje. Por eso, la orientación lacaniana- -a diferencia del poder dominante que intenta haceros creer que la angustia es una emoción negativa que rápidamente debemos eliminar y quitar de nuestra vida - -nos propone "desangustiarnos" de una manera constructiva. Eso es la apuesta a nuestro deseo....

Mi concepto de angustia

Soy consciente que en este punto, cualquier psicoanalista o filósofo estudioso del tema, me descalificaría con argumentos muy contundentes.
Sin embargo, elijo compartirles mi síntesis del tema, producto de una experiencia personal que supera toda construcción teórica.

Como concluyó Freud, la angustia es absolutamente consiente, y tal como dice Lacan; no es sin objeto. Y, aunque al poder le moleste, de ninguna manera podemos reducirse a un simple estado afectivo, o a un desequilibrio orgánico que deber medicado.
Hace un tiempo, cuando escribí en relación a las adicciones, un texto al que llamaba "esclavos de la angustia", evidencié hasta qué punto el "objeto droga" nos resultaba funcional, para evitarnos vérnosla con ella.

Recordemos que la angustia es previa al objeto, no posterior a él.

Lo que generalmente ubicamos como objeto, más que su causa, es un modo de negarla; por eso hay quienes se reconocen angustiados por no terminar sus estudios, no cambiar su trabajo, no tener pareja, no poder viajar, et., etc. En todos estos casos, y más allá de lo sufrientes que podamos declararnos, el sufrimiento promueve un saber que permite enmascarar la angustia.

Y desde ese estado de carencia, nos enfrenamos a un otro idealizado; a quien nos ofrecemos como objeto, en tanto nos garantice que posee un conocimiento sobre lo incognoscible.
De ahí que elegimos un personaje ideal para esclavizarnos a él,
tal como sucede en las neurosis.

Digamos entonces que cuando el "objeto droga" o el síntoma neurótico desaparecen; o se empaña el espejo que refleja el disfraz elegido; nos aterroriza quedar expuestos a un otro despiadado que podrá hacer lo que quiera con nosotros.
Sin embargo, si somos capaces de superar ese instante y nos veamos cara a cara con la angustia - sin intentar racionalizarla o hacer de ella una nueva filosofía-; algo milagroso puede sucedernos.

Sumergirnos en la experiencia de angustia, nos permitirá cuestionar nuestro personaje "creado y creído", funcional durante tantos años.
Y ya sin careta alguna, restará aceptar lo obvio," lo real" en palabras de Lacan: un cuerpo rebelde que pocas veces responde a los mando naturales y que lejos de ser una unidad, es la sumatoria registros de movimientos espasmódicos, latidos, mucosa, sudoración, sonidos, etc.; y una percepción boba caracterizado por la facilidad con que nos engañan los sentidos.

Finalmente, será tiempo de alternar nuevos personajes - elegidos y cuestionados - para enfrentarnos a los otros, los cuales - por su simple condición humana- no son más que otros personajes que se defienden de la angustia, o se apropian de ella en un actor creador.

Les aseguro que el simple hecho de abordar este tema, a mí me angustia.

Al punto que tarde muchísimo en escribir un texto específico.

Y no creo casual hacerlo ahora, cuando se cumplieron seis años de una vivencia extrema de angustia - la cual un día me comprometo a compartirles- pues marcó el inicio de mi camino hacia Dios en una relación a construir, que le dio y dará, nuevos sentidos a mi vida.Y vale decirles, que rechazo radicalmente todo intento por mostrarme que Dios no existe, pues soy conciente que "la racionalidad" que ostentan muchos en el tema,
no es más que su defensa a toparse con lo real: un disfraz que usé muchos años y hoy elegí descartar, pues el agnosticismo sólo nos condena al vacío existencial.


Recuerdo que una vez me preguntaron si prefería ¿tener razón o ser feliz?;
y me burlé frente a esa disyuntiva.
Hoy, varios años después, lamento no haber elegido un poquito de felicidad;
para disfrazarme mejor cuando me aseche la angustia.

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© 2022 Fabiana Andrea Mendez -  fabi.mendezf@gmail.com - (54) 911 41608222
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