Esclavos de la angustia
Cada vez que hago referencia a la dimensión neurofisiológica de las emociones, soy conciente de la incomodidad que provoca el tema. Basta imaginarnos en una situación de vergüenza, de temor o ira y conectarnos, por ejemplo, con reacciones incontrolables como ruborizarnos, sudar frío o levantar el tono de voz en dichas situaciones
La incomodidad del registro físico de las emociones no es nueva. La relaciono con los constantes esfuerzos por evitar enfrentarnos a la angustia y el hecho de juzgarla como incognoscible, inabordable o rebelde a todo intento de domesticarla.
No casualmente, a pensar al ataque de pánico - una crisis de angustia generalizada - nos resulte más tolerable, en tanto lo vemos como una patología clara y clasificable en la cual el rol del médico y la prescripción de un fármaco tranquilizan a los afectados y a una sociedad que no tolera "no saber"
Definitivamente
la angustia desconcierta. Quizá por eso, el lenguaje cotidiano la asocie a la
depresión,
la tristeza, el miedo o cualquier otro estado que resulte más
sencillo de explicar.
La angustia, quedo
fuera del debate popular y parece sólo protagonizar conferencias donde los filósofos se preguntan por la existencia humana o los psicoanalistas la interpretan de manera positiva.
A diferencia de otras escuelas, el psicoanálisis considera que la angustia nos
constituye, convirtiéndose en una guía en el camino hacia la cura.

La angustia en el cuerpo
Ya en el diccionario de la Real Academia española, la angustia se presenta asociada a su manifestación en el cuerpo y también a lo incompresible de su causa:
(Del lat. angustia 'angostura',
'dificultad').
1. f. Aflicción, congoja, ansiedad.
2. f. Temor opresivo
sin causa precisa.
3. f. Aprieto, situación apurada.
4. f. Sofoco, sensación
de opresión.
en la región torácica o abdominal.
5. f. Dolor o sufrimiento.
6. f. Náuseas (
? gana de vomitar). U. solo en sing.
7. f. p. us. Estrechez del lugar o del tiempo.
Si nos centramos en su componente somático, debemos considerar que la palabra angustia proviene de la voz latina anxius o angor que significa etimológicamente opresión, estrangulado o yo impedido de respirar, lo cual se corresponde con los signos somáticos característicos de la angustia: la constricción precordial (dolor intenso en el corazón), la disnea o sintomatología respiratoria, por lo general caracterizan la crisis de angustia.
La característica básica es que se trata de una vivencia displacentera, o sea un efecto negativo que acompaña una tensión instintiva no satisfecha.
De
este modo, quien la padece, suele presentar un sentimiento difuso de
malestar, y aprensión, con claras manifestaciones somáticas, visceromotoras y
una particular repercusión en la tensión muscular.
Y es tal nuestra negativa a acercarnos a la angustia, que preferimos hablar
de un ataque de pánico en lugar de una crisis de angustia generalizada. La
voz clínica más autorizada para presentar está relación, es el DSMIV. Se
trata del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales -
en inglés Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, de
la Asociación Americana de Psiquiatría, en su última versión revisada,
DSM-IV-TR. Allí se incluyen los criterios para el diagnóstico de Crisis de
Angustia o Ataque de pánico, los cuales, son observables a nivel somático.:
Aparición
temporal y aislada de miedo o malestar intenso, acompañada de cuatro (o más)
de los siguientes síntomas, que se inician bruscamente y alcanzan su máxima
expresión en los primeros 10 min:
1. palpitaciones, sacudidas del corazón o elevación de la
frecuencia cardíaca
2. sudoración
3. temblores o sacudidas
4. sensación de ahogo o falta de aliento
5. sensación de atragantarse
6. opresión o malestar torácico
7. náuseas o molestias abdominales
8. inestabilidad, mareo o desmayo
9. desrealización (sensación de irrealidad) o
despersonalización (estar separado de uno mismo)
La angustia invisible.
Si bien es clave conocer las manifestaciones físicas que caracterizan la crisis de angustia, no es menos importante profundizar en su costado invisible, aquel que la psicología -especialmente el psicoanálisis- y la filosofía -en especial la corriente existencialista- han estudiado en profundidad.En ese sentido, si bien he decidido no encarar un texto desde lo académico, voy en este caso a apoyarme en tres autores: Freud, Sarte y Lacán para enfrentarlos a la incomodidad que el concepto de angustia porvoca.
1- La angustia en Freud (1)
Quiero compartirles como Freud (Padre del psicoanálisis), fue variando su postura a partir de angustia para ayudarnos a tomar conciencia de esa incomodidad que ya desde su definición ella produce.
• En 1894, él consideró a la
angustia como la transformación de la excitación sexual acumulada y no
satisfecha: la libido no satisfecha produce un monto de excitación que al no
ser descargado se transforma directamente en angustia.
• En
"Tres ensayos" de 1905, habla de una "angustia
neurótica" producida por represión en donde el niño se angustia al no
poder obtener satisfacción por la ausencia de la madre: es la represión la
que produce una transformación de la energía libidinal en angustia.
• En
1909, en el análisis de un caso clave para la compresión de las fobias "El
caso Juanito", Freud ya deja de considerar a la angustia como una simple
energía libidinal para conceptualizarla como un "afecto".
• En
1916, en "Lecciones introductorias al
psicoanálisis" (Lección 25: La angustia) nos habla de la angustia
como "señal de alarma" desencadenada por el yo: "Sabiendo que
el desarrollo de la angustia es la reacción del yo ante el peligro y
constituye la señal para la fuga...también en la angustia neurótica
busca el yo escapar a las exigencias de la libido y se comporta con respecto
a este peligro interior del mismo modo que si de un peligro exterior se
tratase". Vale decir que aquí la angustia aparece frente a un peligro
interior: tanto como una señal de alarma para advertimos de él; como una
posibilidad del yo de escapar de un peligro que viene desde uno mismo.
• En 1925 e
n "Inhibición, síntoma y angustia" Freud ya habla de la
angustia como una "reacción ante una situación peligrosa" o señal
de alarma ante un peligro interno (como la libido) o externo (como la
castración); al mismo tiempo que da un giro completo a sus concepciones
puesto que ya no es la represión quien produce la angustia sino la angustia
quien causa la represión.
Esto implica que la angustia ya no es la consecuencia de un conflicto
psíquico, sino su causa.
• En 1932
vuelve a ocuparse Freud de la angustia en la 32ª de las "Nuevas
conferencias de introducción al psicoanálisis: La angustia
y la vida pulsional" donde formula la hipótesis del "instante
traumático" o "factor traumático" y hace la
más acabada exposición de sus teorías sobre la angustia:
A modo de síntesis diremos
entones:
• La angustia es un estado afectivo, habla del NACIMIENTO
como el suceso que deja tras de sí tal huella afectiva: las influencias
propias de la angustia sobre la actividad cardiaca y la respiración.
• Todas las condiciones de angustia "repiten en el fondo
la situación de la primitiva angustia del nacimiento ,
el cual significaba también una separación de la madre".
• Podemos entonces hablar de un doble origen de la angustia:
"unas, del instante traumático, y otras, como señal de que amenaza la
repetición de tal instante".
• Es el yo en su aspecto consciente sede de
la angustia.
• Resulta imprescindible diferenciar:
-- "angustia real" (ante un daño temido del mundo exterior)
-- "angustia neurótica" (enigmática e inadecuada frente a un
peligro que procede de interior y no es conscientemente reconocido
--"angustia de la conciencia moral" referida a la dependencia del
superyo.
2- La angustia existencial. (2)
Aquí
no hay quien se salve. Imposible escapar a la angustia existencial; en tanto
surge a partir de las dos mayores incógnitas que el hombre está destinado a
soportar:
------- su origen (de dónde viene).
-------su trascendencia (hacia dónde va).
La
realidad entonces es vivida fundamentalmente mediante la angustia, es decir,
por medio de aquello por lo que el ser humano se da cuenta de su finitud y de
la fragilidad de su posición en el mundo.
La angustia se presenta como el modo en que el ser humano accede al fondo
último de la realidad.
Entre los más destacados representantes del existencialismo podemos destacar a los alemanes Heidegger (que es indiferente al tema de Dios) y Karl Jaspers (que admite la trascendencia del ser humano después de la muerte) dentro de la corriente que se ha dado en el llamado existencialismo negativo, y en la que también se suele encuadrar al francés Sartre (existencialismo ateo declarado y consecuente); y el también francés Gabriel Marcel, como representante del existencialismo teológico o espiritualista. ·
Todas las filosofías de la existencia arrancan de una llamada "vivencia existencial", que es entendida de diversos modos por los existencialistas: como fragilidad del ser", como "marcha anticipada hacia la muerte", o como "repugnancia o náusea general".
Su
tema principal de investigación es la existencia, entendida como '`un modo de
ser particularmente humano". El ser humano es, pues, el único animal que
tiene existencia, en ese preciso sentido. ·
La existencia es concebida como una actualidad absoluta, no como algo
estático, de lo que se pueda decir que es, sino como algo que se crea a sí
misma en libertad, que deviene, que es un proyecto. La existencia, por lo
tanto, es algo que pertenece sólo a los seres que pueden vivir en libertad. ·
En consecuencia, el ser humano es pura subjetividad, es decir, puro
despliegue de su capacidad creadora, de su capacidad de ser para sí mismo, de
su propio hacerse, de su "existir ". El ser humano se crea
libremente a sí mismo, es su libertad. · Pero pese a su
subjetividad el ser humano no queda cerrado en si mismo, sino que se halla
esencial e íntimamente vinculado al mundo y, en especial, a los demás seres
humanos.
En su real y efectivo hacerse, la existencia deviene
"co--existencia". · La distinción entre sujeto y
objeto, tal como es planteada por la metafísica tradicional, es también
rechazada por los existencialistas, entre quienes prevalece la vivencia de la
realidad sobre el conocimiento de la realidad. Y en esa vivencia la oposición
sujeta/obieto queda anulada.
La filosofía de la existencia se presenta como una filosofía pesimista, cuya conclusión es la de que la existencia humana carece de sentido, es un absurdo (el ser humano, como dice Sartre, es "una pasión inútil "), ya que no hay ninguna esencia, ninguna dirección fija en la que deba desarrollarse.
Pero es a partir del reconocimiento de la existencia donde, no hay ninguna esencia prefijada, al no ser el ser humano esto o aquello, sino pura libertad, como es posible re-construir el ser de esa existencia y, con ello, la realidad toda y el ser humano, como un fruto de su libertad.
Sartre
piensa a los humanos como seres que crean su propio mundo al rebelarse contra
la autoridad y aceptar la responsabilidad personal de sus acciones, sin el
respaldo ni el auxilio de la sociedad, la moral tradicional o la fe
religiosa.
A l distinguir entre la existencia humana y el mundo no humano, mantenía que
la existencia de los hombres se caracteriza por la nada, es decir, por la
capacidad para negar y rebelarse.
Afirma la necesaria responsabilidad de todos los individuos al tomar sus
propias decisiones y hacía del reconocimiento de una absoluta libertad de
elección la condición necesaria de la auténtica existencia humana. Habla de
su creencia de que la libertad y la aceptación de la responsabilidad personal
son los valores principales de la vida y que los individuos deben confiar en
sus poderes creativos más que en la autoridad social o religiosa.
El famoso "che vuoi" en Lacan (3) (4)
Si
bien no quiero caer en tecnicismos ni en textos académicos, es imprescindible
al hablar de angustia, mencionar el famoso seminario 10 de Lacan, aunque más
no sea con mis palabras.
Y a tal punto es necesario referirnos a él, pues Lacan presenta la angustia
de la mejor manera que creo pudo hacerlo: angustiándonos.
Nos pide Lacan que imaginemos llevar una máscara de un animal que nos cubre la cara y que desconocemos esa máscara, vale decir que desconozco como me veo y fundamentalmente desconozco como los otros me ven. De pronto, en este estado de desconocimiento total de mi propia imagen, me encuentro en una gruta sin salida. Frente a mí, otro animal, un animal verdadero, animal gitanesco y peligroso si los hay: una mantis religiosa.
Para quienes no lo sepan, la Mantis Religiosadebe su nombre a sus prominentes patas delanteras, que están dobladas y juntas en un ángulo que recuerda a la posición de oración. A pesar de su nombre, estos fascinantes insectos son unos fantásticos depredadores. Su cabeza triangular se alza en lo alto de un estirado cuello, que de hecho es un tórax alargado. Los mántidos pueden girar la cabeza 180 grados para escudriñar los alrededores con sus dos grandes ojos compuestos y tres simples situados entre ellos. La mantis, que suele ser verde o parda y se camufla muy bien entre las plantas de su hábitat, embosca o acecha pacientemente a sus presas. Usan sus patas delanteras para atrapar a su víctima con unos reflejos tan vertiginosos que resulta difícil verlo a simple vista. Además, las patas presentan patas con las que atrapan e inmovilizan a la presa. Más allá de esto, hay una característica que identifica a la hembra adulta, que definitivamente la hace siniestra a nuestros ojos: en ocasiones se come a su pareja justo después del apareamiento, e incluso durante el mismo y, a pesar de ello, los machos jamás rehúyen la oportunidad de reproducirse.
Bien, volvamos a la escena planteada: estoy disfrazado con la máscara de un animal que ignoro y, por lo tanto no sé cómo me ven. Recordemos que la gruta no tiene salida, imposible retroceder. De pronto frente a mi , veo a otro animal, lo conozco muy bien: es una mantis religiosa hembra, gigante, me triplica en altura. Está allí inmóvil, mirándome fijo. Intento ver mi imagen proyectada y reflejada en su globo ocular. Es una pesadilla, pues no veo nada. Siento terror... Y si mi disfraz fuese el de su parteniere, del macho al que estaba esperando para aparearse a él.
Así
describe Lacan la angustia, como ese desconcierto que nos provoca el deseo
del otro.
Ese "Che vuoi?": "¿Qué quieres?" o ¿qué me quiere? con
la ambigüedad que el francés permite en el me, "¿qué quiere
él de mí? ó ¿qué quiere él en lo relativo a ese lugar del yo ocupo?
Un lugar que si retomamos el relato de la mantis religiosa, desconozco,
pues no sé cuál es la máscara que llevo.
En
ese sentido, podríamos decir que nos angustiamos frente a un "otro temible",
quien me coloca en lugar de "objeto de su deseo", quien nos cosifica.
Y además me desconoce, pues lo que desea es la máscara que utilizo y, incluso
yo ignoro cuál es. Si para Freud, la angustia era señal de alarma,
para Lacan, es señal de lo real.
Tengan
en cuenta "lo real" en Lacan: Es todo aquello que tiene una presencia y
existencia propias. Aunque las palabras se asemejen, no debe confundirse con
el concepto de "realidad", puesto que ella más bien pertenece al
orden del lenguaje, simbólicamente estructurado.
Lo real aparece en la esfera de la sexualidad, de la muerte, del horror y del
delirio. Lo real es lo que no podemos pensar, imaginar o representar.
Entonces, para Lacan la angustia es la señal de lo incognoscible, lo que no podemos poner en palabras, lo que no puede definirse por el lenguaje. Por eso, la orientación lacaniana- -a diferencia del poder dominante que intenta haceros creer que la angustia es una emoción negativa que rápidamente debemos eliminar y quitar de nuestra vida - -nos propone "desangustiarnos" de una manera constructiva. Eso es la apuesta a nuestro deseo....
Mi concepto de angustia
Soy
consciente que en este punto, cualquier psicoanalista o filósofo estudioso
del tema, me descalificaría con argumentos muy contundentes.
Sin embargo, elijo compartirles mi síntesis del tema, producto de una
experiencia personal que supera toda construcción teórica.
Como
concluyó Freud, la angustia es absolutamente consiente, y tal como dice
Lacan; no es sin objeto. Y, aunque al poder le moleste, de ninguna manera
podemos reducirse a un simple estado afectivo, o a un desequilibrio orgánico
que deber medicado.
Hace un tiempo, cuando escribí en relación a las adicciones, un texto al que
llamaba "esclavos de la angustia", evidencié hasta qué punto el "objeto
droga" nos resultaba funcional, para evitarnos vérnosla con ella.
Recordemos que la angustia es previa al objeto, no posterior a él.
Lo que generalmente ubicamos como objeto, más que su causa, es un modo de negarla; por eso hay quienes se reconocen angustiados por no terminar sus estudios, no cambiar su trabajo, no tener pareja, no poder viajar, et., etc. En todos estos casos, y más allá de lo sufrientes que podamos declararnos, el sufrimiento promueve un saber que permite enmascarar la angustia.
Y
desde ese estado de carencia, nos enfrenamos a un otro idealizado; a quien
nos ofrecemos como objeto, en tanto nos garantice que posee un conocimiento
sobre lo incognoscible.
De ahí que elegimos un personaje ideal para esclavizarnos a él,
tal como sucede en las neurosis.
Digamos
entonces que cuando el "objeto droga" o el síntoma neurótico
desaparecen; o se empaña el espejo que refleja el disfraz elegido; nos
aterroriza quedar expuestos a un otro despiadado que podrá hacer lo que
quiera con nosotros.
Sin embargo, si somos capaces de superar ese instante y nos veamos cara a
cara con la angustia - sin intentar racionalizarla o hacer de ella una nueva
filosofía-; algo milagroso puede sucedernos.
Sumergirnos
en la experiencia de angustia, nos permitirá cuestionar nuestro personaje
"creado y creído", funcional durante tantos años.
Y ya sin careta alguna, restará aceptar lo obvio," lo real" en palabras de
Lacan: un cuerpo rebelde que pocas veces responde a los
mando naturales y que lejos de ser una unidad, es la sumatoria registros de
movimientos espasmódicos, latidos, mucosa, sudoración, sonidos, etc.;
y una percepción boba caracterizado por la facilidad con
que nos engañan los sentidos.
Finalmente, será tiempo de alternar nuevos personajes - elegidos y cuestionados - para enfrentarnos a los otros, los cuales - por su simple condición humana- no son más que otros personajes que se defienden de la angustia, o se apropian de ella en un actor creador.
Al punto que tarde muchísimo en escribir un texto específico.
