Condenados a elegir. La difícil tarea de ser libres.
Hace ytiempo, escribí sobre la Toma de Decisiones, y el modo en que las emociones influyen en la misma. En él, incluía, a modo de conclusión, una reflexión Vicente M. Simón, de la Universidad de Valencia, en un estudio de 1997, titulado "La participación emocional en la toma de decisiones":
-"Nos encontramos pues ante una nueva perspectiva; la de tener que considerar que las emociones, lejos de ser un obstáculo para la toma adecuada de decisiones, como se ha venido considerando en el marco del pensamiento racionalista, son un requisito para la misma"-.
Y si bien ese punto es crucial para decidir, es necesario dar un paso más y reflexionar sobre lo difícil que nos resulta, aun conociendo nuestras emociones, y el modo en que nos condicionan...
En "Ética para Amador" Saváter
, de un modo muy provocador nos dice: -"estamos condenados a
elegir"- y para esa condena no hay indulto que
valga...
Elegir es tal vez una de las cosas más difíciles que hay en la vida. Pero estamos condenados a hacerlo, de la misma manera que los estamos a la
libertad.
En muchos de mis artículos, de una u otra manera menciono la libertad de elegir. Cuando elegimos algo, implícita o explícitamente, descartamos el resto. No existe la "no elección".Algo hay que arriesgar para continuar en el juego de la vida, y algo hay que perder, si queremos ganar alguna partida.

La paradoja de la libertad.
Si bien paradoja y libertad, son conceptos difíciles de definir y mucho menos a partir de un diccionario; se hace más que necesario construir una idea, antes de comenzar el tema.
Al hablar
de algo paradójico, nos referimos a una aparente contradicción. Hay muchos
refranes con carácter paradójico, y aceptar esto y sus (im)posibilidades, a
su vez, ofrece nueva libertad. En otras palabras, es una proposición en apariencia verdadera que
conlleva a una contradicción lógica o a una situación que infringe el
sentido común. Una paradoja muy popular es la frase "Esta oración
es falsa".
Si la oración es realmente falsa, el enunciado en sí resulta verdadero (ya
que la oración es falsa).
En cambio, si la falsedad enunciada es real, la oración nunca puede ser
falsa. Por ej.: "Al avaro, las riquezas lo hacen más pobre" , "La
bondad de sus actos sólo terminó generando un gran mal" , "Para llegar
rápido, nada mejor que ir despacio".
El
concepto de libertad es abstracto. El acto libre es la facultad
natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos.
También es posible comprender la libertad como aquel estado en el que el
hombre no está siendo esclavizado ni preso por otro.
Un ser libre no está atado a la voluntad de otros de forma coercitiva. La
libertad garantiza el respeto por la voluntad individual e implica que cada
individuo debe hacerse responsable de sus actos. En Francia, en la
Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, la libertad
se consagra como Derecho Fundamental en el artículo 2° y se define
en el 4° en estos términos: "La facultad de hacer todo aquello
que no perjudique a otro".
Ahora bien, si tomo en abstracto el concepto de libertad, parecería ilógico asociarlo a una obligación y mucho menos a una condena.
- Estas obligado a respetar la libertad de los otros; no es una contradicción interior, sino una característica paradójica de la libertad.
- Estás condenado a elegir, por acción u omisión, siempre lo hacemos.
Mencioné al inicio, "Ética para Amador", un texto del que quiero compartirles un conepto. En él se explica de un modo maravilloso, los límites de la libertad:
Feranando Saváter dice: "Cuando te hablo de libertad es a esto a lo que me refiero. A lo que nos diferencia de las termitas y de las mareas, de todo lo que se mueve de modo necesario e irremediable. Cierto que no podemos hacer cualquier cosa que queramos, pero también cierto que no estamos obligados a querer hacer una sola cosa. Y aquí conviene señalar dos aclaraciones respecto a la libertad:
- Primera: No somos libres de elegir lo que nos pasa (haber nacido tal día, de tales padres y en tal país, padecer un cáncer o ser atropellados por un coche, ser guapos o feos, que los aqueos se empeñen en conquistar nuestra ciudad, etc.), sino libres para responder a lo que nos pasa de tal o cual modo (obedecer o rebelarnos, ser prudentes o temerarios, vengativos o resignados, vestirnos a la moda o disfrazarnos de oso de las cavernas, defender Troya o huir, etc.).
- Segunda: Ser libres para intentar algo no tiene nada
que ver con lograrlo indefectiblemente. No es lo mismo la libertad (que
consiste en elegir dentro de lo posible) que la omnipotencia (que sería
conseguir siempre lo que uno quiere, aunque pareciese imposible).
Por ello, cuanta más capacidad de acción tengamos, mejores resultados podremos obtener de nuestra libertad. Soy libre de querer subir al monte Everest, pero dado mi lamentable estado físico y mi nula preparación en alpinismo es prácticamente imposible que consiguiera mi objetivo. En cambio soy libre de leer o no leer, pero como aprendí a leer de pequeñito la cosa no me resulta demasiado difícil si decido hacerlo. Hay cosas que dependen de mi voluntad (y eso es ser libre) pero no todo depende de mi voluntad (entonces sería omnipotente), porque en el mundo hay otras muchas voluntades y otras muchas necesidades que no controlo a mi gusto. Si no me conozco ni a mí mismo ni al mundo en que vivo, mi libertad se estrellará una y otra vez contra lo necesario.
Pero, cosa importante, no por ello dejaré de ser libre... aunque me escueza.
Sin embargo, a pesar de ser plenamente libres, nos educaron en la ignorancia del ejercicio de la libertad. En mayor o menor grado, nacimos y crecimos en un sistema de opresión. Oprimidos y opresores, en palabras de Paulo Freire, le temen a la libertad:
En
los oprimidos el miedo
a la libertad es el miedo de asumirla.
En los opresores el miedo de perder la "libertad"
de oprimir".
El miedo a elegir.
Coincidirán
conmigo, en que, si algo caracteriza nuestros días, es la falta de sentido,
la angustia, la incapacidad de tolerar la frustración y el temor a asumir de
manera adulta los vínculos más íntimos.
La negación de esa realidad, parece ser una de las salidas más comunes cuando
"la vida" nos duele" - Las adicciones, en ese sentido, me parecen un buen ejemplo de una "esclavitud
buscada"-.
Y
en ese contexto, el miedo a elegir es el gran protagonista. Sin embargo,
se trata de un temor absurdo, pues "la no elección", también es en definitiva
una elección deliberada.
Los factores que nos condicionan, son innumerables. Desde la biología, la
cultura en que nacimos, la educación familiar, la escolar, el contexto
social, la ideología, las modas, la presión mediática, la sociedad de
consumo; hasta la falta de perspectivas y el desconocimiento de nuestro
propio deseo:
- ¿Qué
elegimos ? - es una buena pregunta para hacernos.
-Todo- es la primera respuesta a ofrecerte.
Pues por acción u omisión elegimos cada día.
Desde levantarnos, qué comer en la mañana, qué hora bañarnos;
hasta qué queremos para nuestra vida.
Todas
son elecciones, las cotidianas, las trascendentales y también aquellas en las
que creemos que alguien lo hace por nosotros.
Cierto, que hay diferencias en el impacto de las mismas ...
No es lo mismo con qué galletitas voy a desayunar, si renunció o no a mi
actual empleo. Y tampoco es lo mismo hacerlo si cuento con otros ingresos, o
si estoy solo o con una familia a mi cargo.
Estas elecciones, conllevan un compromiso emocional diferente, pues son
diferentes los riesgos que se corren y las consecuencias que implican la misma.
Riesgos y Consecuencias son dos palabras, que no pueden omitirse a la hora elegir.
Será
por esto,que pareciera más sencillo vivir en la ilusión de la opresión. Como
a la libertad es imposible escapársele, huimos de la conciencia de sabernos
responsables de elegir.
Tal como el oprimido, que describe Freire, idealizamos al opresor y tememos a
la libertad porque ésta nos exigirá ser autónomos y expulsar la sombra de los
opresores. Y ya sin sombras, pasamos a ser nosotros los responsables, no ya
sólo de nuestra elección, sino también de sus consecuencias. En mis
entrenamientos planteo que es posible hacer lo que queremos; en tanto nos
hagamos cargo de sus consecuencias.
Asumir de forma honesta las consecuencias de nuestras decisiones, se trata sencillamente de asumir responsabilidades. Hasta la más insignificante decisión tiene una consecuencia, y muchas de ellas son dolorosas.
De este modo, a mayor responsabilidad por asumir las consecuencias de nuestros actos, a mejor conexión con el dolor por posibles pérdidas, más libres llegaremos a ser.
Y aquí la gran paradoja de la libertad, todo el tiempo pedimos que nos dejen decidir, cuando en realidad, huimos a la responsabilidad de hacerlo.
El placer de elegir y la ilusión de lo ganado, son una cara de la moneda. La otra es la incertidumbre, el temor a lo desconocido,y el fantasma de la pérdida asechando.
No es posible apostar, sin ser capaces de perder algo. Y no es posible ganar, sin el riesgo de una apuesta.
La pérdida de un ideal.
Una vez que adultamente dejamos de idealizar la libertad, y la valoramos en su justa medida, restan dos cuestiones fundamentales a resolver, que en tanto oprimidos no teníamos en cuenta:
- ¿Elegir qué?
Quienes me siguen saben que escribí mucho sobre la cuestión del deseo y no me alcanzará una vida para intentar abordar un universo tan complejo. Si estamos condenados a elegir, cabe alguna duda entonces que la mejor salida es elegir lo deseado. ¿Y sabemos qué es?
Suele pasar que si algo desconocemos, es nuestro propio deseo: no lo que esperaban de nosotros, o lo que supusimos ser, ni tampoco lo que debiéramos ser, o lo que nos imaginábamos de pequeños. - Elegir no es
igual a tener, ni a poder.
Tal como decía Saváter libertad no es igual a omnipotencia. No olvidemos que justamente la omnipotencia, nos habla de la baja autoestima. Una ilusión de "todo lo puedo", tal como la ilusión del oprimido que se identifica con su opresor.
En ambos casos, conocernos profundamente, es un primer paso para elegir de una manera adulta y en favor nuestro. Tolerar la frustración es una clave, para conectarnos con un deseo, y conocer las limitaciones para satisfacerlo. Y el bienestar no se reduce a ser libres, sino a aceptar la condición humana.
corremos el riesgo de temer asumirla, antes que disfrutarla.
Sin embargo, es necesario comprender ese temor absurdo, pues por acción u omisión somos libres.
